Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. "No dejes de ir a visitarlo -me recomendó.
Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte." Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
Todavía antes me había dicho:
-No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
-Así lo haré, madre.
Así comienza la novela Pedro Páramo del mexicano Juan Rulfo. Pedro Páramo nació siendo un clásico. Seguramente venía maduro para ello porque la muerte es un clásico, y en Rulfo encontró a su mejor narrador.
El comal es un recipiente de barro que se pone sobre el fuego, donde se calientan las tortillas. De allí surge el apelativo de Comala, que vendría a significar, lugar sobre las brasas. Quien llega a Comala trae a Pedro Páramo en la memoria pero no encontrará el pueblo en donde todos están muertos salvo Juan Preciado y las almas en pena. Esta Comala de hoy es un pueblito vestido de blanco, orgulloso de haber sido elegido por Rulfo como escenario de una obra de ficción que le ha dado el hálito de la vida y lo ha puesto en el camino de turistas ávidos de sentirse buscando a los suyos, como lo hace Preciado.
Estuve un domingo de luz intensa, entre artesanías y naranjos. Vale la pena sentarse en un banco de hierro en la plaza de Comala, al cobijo de un árbol con aromas de azahares. Y desde allí, desde esa paz, recordar. Pensar, por ejemplo, que lo nuestro también es una búsqueda en la memoria de aquellos que amamos y ya no están con nosotros. Pensar que una novela puede tener la fuerza de enfrentarnos con otra realidad y otra lógica, por momentos desconcertante, pero sabia como para hacernos intuir que entre sus palabras se vislumbra una verdad de misterio y desconcierto.
Juan Rulfo lo dijo en una entrevista: “la gente se muere dondequiera. Los problemas humanos son iguales en todas partes. No son temas nuevos el amor, la muerte, la injusticia, el sufrimiento, que están sugeridos en Pedro Páramo. Me han dicho que es "una novela de amor a los desamparados". Yo no sé. Yo narro la búsqueda de un padre, como una esperanza. Como quien busca su infancia y trata de recuperar sus mejores días, y en esa búsqueda no encuentra sino decepción y desengaño. Y al final se derrumba su esperanza "como un montón de piedras".
Esperanza – desilusión. Así vamos por la vida. Esa es la obvia y mágica verdad de Juan Rulfo.
Lo singular es que mientras escribo desde un cuarto de hotel, aledaño a la catedral, el repicar de las campanas de la iglesia le pone música de fondo a estas palabras. Seguramente le habría gustado a Rulfo. Lo digo porque Amable Rosario me contó que el mexicano trabajó con las emisoras indígenas, grabó muchos anuncios y, en consecuencia, estaba al tanto de los ornamentos radiofónicos.
Las fotos que aquí incluyo son logro artístico de Ana Karina Robles, la directora de Radio Universo 94.9m, la Emisora Universitaria de Colima.
El calor amaina, se acerca el crepúsculo, y allá a lo lejos, mientras la noche se aproxima, comienzan a desperezarse los otros habitantes de Comala, que vendrán por nosotros para hacernos revivir las intensas emociones que nos regaló Rulfo.







Añadir este sitio a RSS
Saludos
Querido cuñado te veo muy bien en estas fotos, un abrazo apretado. Maria Eugenia
Un retrato de la pasión
Qué buen libro, Pedro Páramo. ¡Qué buen retrato de la pasión!
La pasión que viene y va hacia sí misma, que es todo o es nada: es a veces el Páramo y otras el llano en llamas: su único devenir. La repetición eterna sin historia, sin memoria, por lo tanto sin persona. ¡Pobre Pedro!
Estimado amigo que gusto saber de ti en Comala
Estimado Pepe,
hace mucho que trabajé contigo y siempre me acuerdo con gusto de mis excursiones a Hilversum en las noches y por las madrugadas.
Hoy estoy de maestro de Español en Mondriaan, y espero aumentar mis horas dedicadas a nuestro idioma que tanto puede significar y tanto puede describir hasta más alla de la realidad, como en Comala, por ciertto oyes ladrar los perros?
Un fuerte abrazo desde la Haya,
Tu amigo de siempre
Antonio Peralta
0650441978
Enviar un comentario nuevo