La historia comienza hace un par de meses. Tenía planificado un viaje a Encarnación, Paraguay, para participar en actividades conmemorativas al día del periodista e inaugurar un posgrado en la Universidad Autónoma de Encarnación.
Luego, junto a Radio Nacional y Radio Libre realizaríamos, en Asunción, el último de seis debates dedicados a los pueblos indígenas, poder y sociedad. Cerca, en Bolivia, estaban en marcha varias protestas sociales y corporativas que llamaban la atención de los medios internacionales.
A la vista de estos hechos pedí una entrevista con el presidente Evo Morales, a quien conozco de los primeros años de la década de los noventa, cuando era dirigente cocalero y visitaba Radio Nederland después de participar en Ginebra y otros países europeos en su largo camino de lucha por la legalización de la hoja de coca, no confundir con la cocaína.
Por las razones que fuera no hubo respuesta a la solicitud, pero, cuando estaba por concluir la visita a Encarnación, recibo un correo electrónico del Ministerio de Comunicaciones de La Paz, en el que se me informa que el presidente me recibiría el domingo, es decir, en 48 horas.
Era imposible porque ya tenía otros compromisos. Pedí encarecidamente que reprogramáramos la cita. Y así se hizo, felizmente. Quedó fijada para el 21 de mayo, a las 7 de la mañana. Viajamos con Raúl López a La Paz.
El lunes en cuestión, nunca mejor dicho lo de cuestión, llegamos al Palacio Quemado a las 6 de la mañana, junto a un equipo de otros cuatro colegas que apoyarían en la instalación de cámaras, luces y otros pormenores técnicos. En palacio, la gente de seguridad no sabía nada. El encargado de turno y otro agente se pusieron a “guglearme”. De vez en cuando se reían no sé de qué hallazgos.
El caso es que a las 6.30, ya algo inquieto, llamé a la ministra de Comunicaciones, Amanda Dávila, quien me contó que la entrevista había sido postergada para las 10.00 de la mañana. Me pareció normal, el presidente es un hombre muy ocupado, más en estos días de inquietudes en diversos frentes: policía, médicos, indígenas, estudiantes.
Así es que regresamos a las 9:00, pero había un acto en el patio central del palacio en el que juraba el nuevo director de la policía. Por eso no se podía acceder al piso superior en donde tendría lugar el encuentro con el presidente Morales. Finalizado el acto, después de las 10.30, arribamos finalmente al Salón Dorado para montar el escenario de la entrevista que ahora se había reprogramado para el mediodía. Como toda la agenda se había atrasado, se vislumbraba en el horizonte la partida inminente, en helicóptero, del presidente a Oruro y luego a Cochabamba.
La ministra entraba y salía del salón con las últimas novedades. El momento tenía cara de crisis de nervios. El caso es que para el presidente era imposible cancelar el viaje a Oruro porque debía inaugurar una escuela, y lo estaba esperando toda la comunidad con bombos y platillos. Alguien sugirió que nos fuéramos ya mismito, en vehículo, a Oruro, dos horas y media de viaje a través del altiplano boliviano. Sin mediar mayores reflexiones, la ministra se ofreció a llevarnos en dos vehículos. Partimos. Nuestro chofer era Manuel, un as del volante. Si las dificultades eran grandes, más grande e imponente era el paisaje de esos llanos color ocre, de esas nubes escapadas de un cuadro idílico, de esas soledades interrumpidas solo por la presencia escasa del hombre y los rebaños de animales de pastoreo.
Llegamos a Oruro sin conocer exactamente el lugar a donde nos dirigíamos. De pronto aparece un grupo motorista de la policía. Dos de ellos se ofrecen para escoltarnos hasta la escuela. Solo que esta gente de buena voluntad tampoco conocía bien la dirección. Entre pregunta y pregunta a los lugareños aparecen dos chicos con uniforme escolar del colegio que se inauguraba. Felices se suben a la parte trasera y emprendemos el camino cierto.

La ceremonia estaba por concluir. El presidente pide disculpas por no poder quedarse a disfrutar de la comida que habían preparado las madres de Oruro porque debía ir inmediatamente a la Gobernación. La entrevista se cancela definitivamente para ese día. La ministra estaba desolada, yo también. Atrase su partida, me dice. Hacemos la entrevista mañana a las 9:00. Después de varias llamadas a Ingrid de Vries, en Holanda, se consigue cambiar el itinerario de vuelo para el día siguiente a las 16.45.
Martes 22 a las 8:00 en punto en el palacio. La ministra Dávila anuncia que la entrevista se hará, impostergablemente, a las 12:00. Instalación y prueba de equipos en el salón Dorado. A eso de las 9:00, después del correspondiente mate de coca, un bálsamo que cura, entre otros, los males del soroche (mal de altura) nos disponíamos a abandonar el palacio presidencial cuando aparece la ministra para pedirnos que desarmemos el plató porque había una reunión con el Defensor del Pueblo y se necesitaba ese lugar para el encuentro. La verdad es que el hermoso Palacio Quemado es una construcción muy bella pero pequeña para tanta actividad diaria. Resumo y digo que finalmente terminamos instalando cámaras, micrófonos y luces en el salón de los espejos, un amplio recinto para reuniones y actos públicos.
El presidente apareció con una disculpa en los labios que repitió varias veces en esos 40 minutos que duró la conversación. Le respondí que entendíamos perfectamente y que nosotros éramos los agradecidos por el espacio que nos había concedido.
Evo Morales, se sabe, es una figura controvertida en Bolivia y en el exterior. De él se ha dicho lo mejor y lo peor. Más allá de los juicios personales o colectivos, el presidente pone cuerpo y alma en el empeño de transformación de su país.
La entrevista duró media hora y nos quedamos con la promesa presidencial de una visita a Holanda para una conversación más detallada para tocar muchos temas que han quedado necesariamente fuera del cuestionario por razones de tiempo.
Quiero agradecer a la ministra Amanda Dávila sin cuyo empeño esta entrevista no hubiera tenido lugar.
El final de este preludio es un hecho posterior a la entrevista. Ya en el avión de camino, o debería decir de cielo, a Lima, una pareja de bolivianos viajaba a mi lado. El marido me pregunta si yo vivo en Bolivia. Le respondo que no, que vivo en Holanda. Acto seguido me pregunta si me gusta La Paz. Le respondo con entusiasmo que sí.
Con gesto sorprendido me dice que cómo es posible, que allí vive gente muy sucia, así como otra gente poco apreciada, tan distinta a nosotros, la gente de tierras bajas. No me costó mucho llegar a la conclusión que este tipo de gente no quiere, mejor dicho, desprecia al indio que está en el Palacio Quemado. No puede aceptar que un hombre humilde ocupe tan alto rango.
Lea la entrevista completa en formato PDF
Esta entrevista ha sido recogida por nuestro socio en La Paz, Bolivia, Página Siete
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S9300
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patata-frita
Europa debe pagarle royalti de patente a Peru y Bolivia por la patata frita.eso es justicia.
Te das cuenta TODO lo que ocurrio en estas latitudes,...
Este articulo te actualiza.Nos actualiza.Gracias.
Nunca + el porque no te callas !!!!
El todopoderoso
Interesante la entrevista. El presidente Morales no suele conceder este tipo de entrevistas. Con lo cual es un logro haberla realizadado.
Es de público conocimiento que el Presidente Morales es indígena. Me llama entonces la atención la insistencia con que en buena parte de la entrevista el Presidente se detiene a la descripción de sus orígenes culturales (la sopa como único alimento, el madrugón de cada día, la vida en el campo, la escasa educación formal.) No aporta nuevo conocimiento acerca de su programa de gobierno: metas programáticas, recursos y grado de consolidación y cumplimiento. Entonces, nos deja ávidos de noticias! (Sin duda otro logro de la entrevista).
Por otra parte, sus reflexiones personales de Morales acerca de sus orígenes, identidad y condición social nos dejan entrever a la persona detrás del personaje. (¡qué buen entrevistador!). Como lectora e internauta de RN me pregunto si a la luz de estas revelaciones no padecerá el Presidente de "anomia", según la definición de Emile Durkheim ( conducta asocial propia de quienes han perdido su referente cultural). Tener a un gabinete trabajando bajo amenaza de mandarlo al calabozo quizás sea una práctica campesina o aymara, no lo sé, pero en cualquier caso es poco deseable de un estadista...y citar a un vicepresidente a las 5 de la mañana es sin duda un castigo Divino.
Rosaura Alas Diez, Argentina
la importancia de la palabra
Gracias Sr. Jose Zepeta por la entrevista, siempre es muy bueno escuchar a un presidente como Evo Morales, y no siempre tenemos esta posibilidad. es una entrevista para compartir con jóvenes, con la familia. su claridad, su convicción. son tan profunda como la hermosura de toda Bolivia.
gracias nuevamente
saludos de argentina
Carlos Sosa
Evo Morales
Gran Valor.
entrevista al Sr. Presidente Evo Morales
Gracias Jose Zepeta por la estrevista. Gran alegría siento haber escuchado la voz del Sr. Presidente Evo. Nada de absurdo en su hablar,
ni en su actitud corporal, lenguaje directo, claro y preciso, sin vacilar. No necesita la retórica propia de los politiqueros de turno.
Los verdaderos bolivianos, los bolivianos genéticos deben sentirse
orgullosos de tener este Caballero que los represente, un lider.
Su acento, sus frases, todo El auténtico, se ve realmente hermoso.
En su posición a la Presidencia estaba el el Sur de Espana y grité
con artas ganas, por fin un HIJO LEGITIMO gobernara su propia TIERRA.
Enorme envidia siento, pues yo como colombiana no tendré esa suerte...
Me gustaria conocerle y estrecharle la mano con admiración y respeto.
Adelante Sr. Presidente "cruzo los dedos" para que siga así, en su lucha legítima, por lo de todos los bolivianos. Ojala, la gente entienda y apoye este logro. Por favor tener presente el IDIOMA que es la identidad de un pueblo, es muy importante. "Luche por que quiere y no desespere si algo no anda bien..."
Con respeto y admiración.
Desde Alemania. Ruth Coral
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