Una filosofía para seres libres

Hoy es el día mundial de la filosofía. Así lo proclamó el 29 de julio de 2005 la Conferencia General de la Unesco. En noviembre del mismo año, en un encuentro en Santiago de Chile, los participantes concluyeron, entre otras cosas que: “Consideramos que la filosofía, en la práctica del diálogo y de la argumentación, no excluye del libre debate ninguna idea y se esfuerza por establecer definiciones precisas de los conceptos utilizados a fin de comprobar la validez de los propios razonamientos y efectuar un examen riguroso de las razones de los otros. Esto permite a todas las personas aprender a pensar con independencia y comprender las perspectivas de los otros”.

Qué bueno es acordarse, en tiempos de crisis, que tenemos instrumentos milenarios que ayudan a los humanos a tratar de entender el mundo para cambiarlo. Así lo dice también la directora General de la UNESCO, Irina Bokova, en su mensaje de este año: “En 2011, la extraordinaria efervescencia de la primavera Árabe invita a cada uno de nosotros, actores o espectadores de esos acontecimientos, a meditar sobre el sentido de la historia, la justicia social, la igualdad entre los sexos y las libertades fundamentales. Últimamente hemos padecido varias catástrofes de gran magnitud que confieren estremecedora vigencia a la reflexión sobre el lugar del hombre en la naturaleza. Todos esos episodios nos exigen que redoblemos esfuerzos para dar a todos, jóvenes y menos jóvenes, los medios de reflexionar sobre sociedades que se encuentran en plena mutación”.


Escuche la entrevista con el filósofo argentino, Manuel Comesaña

En un mundo que mira, frecuentemente, con desdén a las humanidades, que desconfía de las letras y piensa casi exclusivamente en parámetros económicos, la filosofía, esa mujer humilde e inconforme por naturaleza se aparece como uno de los recursos útiles para volver a hacernos las preguntas elementales sobre quiénes somos, qué queremos y a dónde vamos.

Por eso voy a concluir recuperando las palabras de Gilles Deleuze que dijo lo siguiente de la filosofía:

“Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer.... Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene un uso: denunciar la bajeza en todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la de filosofía, que se proponga la crítica de todas las mistificaciones, sea cual sea su origen y su fin? Denunciar todas las ficciones sin las que las fuerzas reactivas no podrían prevalecer. Denunciar en la mistificación esta mezcla de bajeza y estupidez que forma también la asombrosa complicidad de las víctimas y de los autores. En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo, afirmativo. Hacer hombres libres, es decir, hombres que no confunden los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral, y la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos prestigios. ¿Quien, a excepción de la filosofía, se interesa por todo esto? La filosofía como crítica nos dice lo más positivo de sí misma: empresa de desmitificación. Y, a este respecto, que nadie se atreva a proclamar el fracaso de la filosofía. Por muy grandes que sean la estupidez y la bajeza serían aún mayores si no subsistiera un poco de filosofía que, en cada época, les impide ir todo lo lejos que quisieran...pero ¿quién a excepción de la filosofía se lo prohíbe?"

En conversación con el filósofo holandés, y Jefe de Redacción de la publicación NRC Next, Rob Wijnberg, me comentaba que libertad de expresión sin reservas era el ideal de un estado democrático: “Es preferible que en el ámbito político o social no sea la norma, ofender o insultar, o tratar a otros de forma inadecuada. Pero yo digo - y me gradué en el tema de la libertad de expresión en la filosofía - soy un fundamentalista en materia de la libertad de expresión. La ofensa nunca puede ser el criterio para imponer el silencio a una persona. Por ello debe ser posible que lo que es ofensivo o grosero o irrespetuoso se pueda decir. Déjeme usar un ejemplo histórico: si la norma hubiera sido que lo que algunos encontraban ofensivo no se hubiera permitido expresar, estaríamos todavía bajo la creencia de que la Tierra es el centro del universo. Porque cuando Galileo dijo por primera vez que eso era falso, fue considerado una enorme blasfemia. Fue condenado por eso. De la misma forma, si se hubiera dicho hace 100 años que las mujeres debían tener los mismos derechos que los hombres, hubiese sido visto como un ataque masivo contra la autoridad, las normas y los valores que estaban vigentes en ese entonces. Por eso la libertad de expresión es fundamental, en el sentido de que las ideas existentes de lo que es el respeto y lo que es moralmente justificado o decente, se debería poder tanto criticar como atacar. Y el insulto juega un papel importante en esto. Imaginase que solo se pudiese decir lo que todos aceptan y lo que es la opinión común, entonces no necesitaríamos la libertad de expresión, porque el debate sería más o menos inútil”.

Vea otros temas de José Zepeda Varas

 

Enviar un comentario nuevo

  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato